Ryan Adams @ Royal Albert Hall

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Royal Albert Hall
Teenage Cancer Trust
Telonero: Beth Orton
19 Marzo 2013

Lo primero que hace uno al entrar en el emblemático Royal Albert Hall londinense, es mirar hacia arriba y suspirar. Porque amén de los pequeños detalles que marcan lo especial del centenario teatro, hay momentos, hay artistas, y hay conciertos que parecen irremediablemente concebidos para tocar en este lugar.

El escenario es inmejorable. Ya hace un año que acabó su última gira y es el único concierto previsto para 2013. Además presenta temas nuevos. Y, por primera vez en 4 años, lo hace con banda completa. Y qué banda. Su amigo Noel Gallaguer, que organiza el acto para la asociación benéfica Teenage Cancer Trust, aparece después de la fabulosa actuación de Beth Orton, para presentarla entre bromas como “una superbanda a excepción del batería”, que no es otro que su propio batería con los “High Flying Birds”, Jeremy Stacey. Y no es para menos. A los teclados nos encontramos a Benmont Tench, uno de los fundadores de Tom Petty & The Heartbreakers. El multi-instrumentista y productor Ethan Jones a la guitarra, Don Was, de Was (Not Was) y productor de Dylan o Stones al bajo y contrabajo, y Cindy Cashdollar (Dylan, Van Morrison) con la steel guitar.

Con puntualidad británica, Adams aparece junto a su flamante nueva banda y lo hace recomendando irónicamente, hacer uso de nuestros cascos de carreras para aguantar la velocidad de la música que nos espera. El comienzo tira del último álbum con Dirty Rain y Ashes & Fire. El público está ensimismado y escucha con atención. El sonido está a la altura de la majestuosidad del auditorio, y la disposición del escenario consigue una cercanía inusual a los músicos, creando un ambiente mágico. La banda muestra una gran presencia. Enriquece las canciones y se entiende sin apenas mirarse. Guardan los tiempos y destacan en los momentos precisos. Así, Ethan Johns tendrá la ocasión de esparcir su guitarra con un espeluznante solo en una Nobody Girl interpretada en forma de jam. Aunque no sería hasta Let It Ride o una poderosa versión blues de Fix It, cuando abandonen las balas de fogueo y muestren todo el peso de sus tablas sobre el escenario.

La declaración de intenciones del repertorio se destapa con My Winding Wheel, una de las canciones que sonarían del aclamado “Heartbreaker”, junto a Why Do They Leave, Oh My Sweet Carolina y Come Pick Me Up. Adams está a gusto. Empatiza con el público y la balanza emocional que ofrece se equilibra por su buen sentido del humor. Así, la anécdota de la noche se produciría justo antes del Please Do Not Let Me Go, cuando entre las peticiones que grita el público, Ryan entiende “loaf of bread” (barra de pan) e improvisa un tema de 3 minutos rimando ingeniosamente y con la banda acompañándole en una jam session que encandila a un público entregado.

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Uno de los momentos más esperados de la noche, fueron las canciones nuevas, Where I Meet You In My Mind, con una buena melodía y un tempo hipnotizante que no desentonaría en Ashes & Fire, y un elegante blues llamado In The Shadows, que se envenena por momentos y que Adams interpreta literalmente como “un vampiro conduciendo un Cadillac por las afueras de la ciudad matando a un hombre lobo”. Ambas pueden tranquilizar a los fans más clásicos viendo el sonido continuista que atesoran.

Acto seguido, la banda se retira. Adams hace del silencio virtud echando mano de harmónica y de su inseparable Harmony Buck Owens tricolor, para interpretar una sobrecogedora Oh My Sweet Carolina y un guiño inesperado en forma de English Girls Approximately, que consigue alargar el clímax con una interpretación brillante, donde la mirada de Adams se intensifica mientras susurra “you meant everything” al final de la misma. Ya con la banda de vuelta, ejecutan Dear John y Do I Wait con una maestría y un peso que les vale la felicitación pública del propio Adams.

Para el bis final desliza I Love You But I Don’t Know What To Say, la joya que cierra Ashes & Fire, cocinada a fuego lento y de especial belleza que consigue detener el tiempo y llenar de emoción contenida cada hueco del auditorio. Sin apenas pausa, sería un conmovedor Come Pick Me Up el que logra poner en pie a los 5500 asistentes antes del final, para dedicar al de Jacksonville una larga y merecida ovación.

Sabemos que Adams es un genio de otra pasta, obsesionado con pasar desapercibido y caminar tranquilo como David Ryan Adams. De esos pocos que rebosan talento pero se empeñan en mostrarlo a cuentagotas como si la música no fuera con ellos. Aún así, se agradece sobremanera que se haga notar, aunque sea con apariciones excepcionales, para poder comprobar in situ el gran estado de gracia en el que se encuentra. Confiemos en que su colaboración con esta banda no sea solo fruto de esta ocasión, y puedan seguir llevando la emoción por bandera en un futuro cercano. Por el bien de la música y sus amantes.

David Bernardo

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