St. Vincent

St Vincent foto 2014

Madrid, 26-XI-2014, Joy Slava.

Cuando se enfrenten a una banda como St. Vincent en directo, olvídense de un concierto al uso.

Olvídense de géneros, aunque no así de estilos. Vicenta y los suyos han creado uno nuevo.

Prepárense para una experiencia vanguardista. El espectáculo en directo que despliega St. Vincent es la última frontera dentro de los límites de lo que consideramos un concierto de rock.

Y lo mejor es que el viaje es… ¡¡¡muy, muy, muy divertiiidooo…!!!

Hay de todo para que usted, viejoven urbanita, se involucre y salte, grite, aplauda y no pierda en ningún momento el interés por la interpretación de la banda.

St. Vincent nos trató anoche como una maestra de educación infantil trataría a sus alumnos: con cariño, alegría y mil recursos para que no nos aburriéramos, disfrutáramos aprendiendo cosas y fuéramos muy felices. ¡Gracias, profe!

No hubo un solo minuto en el espectáculo de ayer en que un servidor sintiera ganas de mirar el reloj. Ningún momento que resultara prescindible, como espectador. Y eso es muy de agradecer a un artista.

Hubo sorpresas de sonido y de luz, hubo coreografías cada vez más simpáticas, hubo momentos de paroxismo al más viejo estilo rockero, con baño de multitudes y guitarra aporreada por la multitud. Incluso hubo canción íntima con guitarra y (preciosa) voz.

También entrañables (e inquietantes…) confesiones de la cantante a la sala, que consiguieron una conexión muy bonita entre personajes y público.

Alguien podría decir que eso son recursos para inflar algo hueco. Que eso también se hace en la música popular más repetitiva para vender humo.

Eso no sucede aquí en absoluto.

La solidez de todos los instrumentistas y vocalistas fue magnífica. A prueba de bombas. Interpretar con esa gracia esos temas, que acaban con un rotundo silencio o que rompen caderas y dejan plantado a voluntad al personal, lleva muuuchas horas, días y meses de ensayos.

Hay músicos que consiguen que la interpretación sea más importante que la misma composición; tocando siempre al borde del colapso y arriesgándose a arruinar la canción. Al límite. Y de ahí salen pepitas de oro.

Trabajo fino y muy duro. ¡Enhorabuena!

Vayamos terminando. Para alguien que (aún) no haya visto en directo a St. Vincent,  allá va una afirmación tan intrascendente como certera: poner este espectáculo al lado de shows de MUSE o de Frank Zappa con “The best band you never heard in your life”, es de recibo y totalmente coherente.

Por supuesto que no en infraestructuras, pero sí en cuanto a la concepción musical de un directo.

Una última recomendación. Si son ustedes aficionados a los conciertos y acuden semanalmente a alguno, pero ya hay días en que están más pendientes de beber cerveza o de hacer fotitos con el móvil en vez de escuchar a la banda: no deje de ver a St. Vincent en directo.

Le volará la puta cabeza.

Á.C. para Rockast.

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