Tash Sultana, de la calle al cielo.

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El talento quema. Es una capacidad efervescente que necesita salir y mostrarse. Por eso conviene reivindicarlo cuando los escaparates se llenan de ídolos de plástico. Brindarle un hueco analógico en nuestras ajetreadas cabezas digitales.

Todos hemos visto videos de criaturas que apenas alcanzan el metro de estatura emular a Yngwie Malmsteen sin despeinarse. Especialmente asiáticos. Puro talento, efectivamente. Pero llegar es otra cosa. Llegar supone también mezclar generosas dosis de trabajo y alguna de puro azar. Y la artista de quien hoy hablamos lo sabe bien.

Tash Sultana es una joven australiana con descendencia maltesa de 21 años con la que resulta fácil obsesionarse al verla tocar. Su carrera musical apenas está empezando, pero con sus primeros pasos está destinada a llegar a lo más alto.

Tash empezó a tocar a los 3 años cuando su abuelo le regaló su primera guitarra. Desde entonces ha desarrollado una habilidad innata para los instrumentos -toca más de diez- y su presentación gira en torno a ella y el concepto de “one-woman band”.  A pesar de su corta edad ya ha pasado por rehabilitación por su adicción a las drogas, y fue la falta de empleo la que le llevó a tocar por las calles de Melbourne para ganarse la vida. Sus temas empezaron a ganar popularidad en Bandcamp y YouTube y pronto llamó la atención de Lemon Tree Music, que no dudó en ficharla para su causa.

Tan solo ha lanzado un EP al mercado, un excepcional “Notion” que llegaba a nuestros oídos la pasada primavera. La australiana se embarcó entonces en una gira mundial que tuvo que posponer en varias ocasiones debido al agotamiento que le provocaba y a diversos episodios de enfermedad mental. Recordemos que a los 17 años estuvo casi un año en tratamiento intensivo debido a un trastorno psicótico inducido por la ingesta de drogas -todo tipo excepto heroína-.

El estilo de Tash consigue elevar el ambiente vibrante que puedes experimentar en una Jam session pero sin contar con músicos alrededor. Tira de loops, solos, blues, beatboxing, y siempre con un ejército de pedales a sus pies descalzos. La intensidad con la que toca y la pasión que vemos en el escenario arrastra todo cuanto tenga por delante.

La australiana consigue un efecto hipnótico que se mueve como pez en el agua entre la psicodelia y el funk y que ha conseguido llenar todos aquellos pabellones que visita por todo el mundo. Temas como “Jungle”, “Mystic” o “Notion”, suponen cartas de presentación del más alto nivel.

Una fuerza de la naturaleza a la que conviene seguir la pista.

 

 

 

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