Ryan Adams @ Hammersmith Palais, 2015

Ryan Adams en concierto.

Hammersmith Eventim Apollo
Londres, UK

27/02/2015

“That’s right, it’s the weekend! Time to get sad!”, lanza al poco de empezar el propio Adams en su versión monologuista. Es habitual ver al músico de North Carolina haciendo bromas a menudo entre canción y canción, y los dardos van muchas veces dirigidos a su propia música en forma de logrados sarcasmos.  Comienza el fin de semana en la frenética London Town y seguro que nadie entre el público pone una pega por el día o la hora.

Lo cierto es que se empiezan a contar con cuentagotas los conciertos del hijo predilecto de Jacksonville. Quizás eso explique la gran expectación que crean, con entradas agotadas en cada show y audiencias variopintas formadas por seguidores de todas las edades, multitud de padres e hijos adolescentes compartiendo pasión, y gentes llegadas de países quizás vetados (ejem, Spain calling)

El concierto es un éxito. La audiencia respeta con silencio de iglesia cada tema, sabedora de lo importante de la ocasión. Tiene que ver con el hecho de tener enfrente a quien susurra cada noche. Quien pone banda sonora a estados de ánimo no encontrados. Quien hace que la magia interior palpite más fuerte y más lenta. La energía que desprende su música resulta tan especial como insustituible. Y la audiencia es muy consciente de ello y del gozo que supone cada una de las canciones interpretadas.

Pero hay algo que no encaja.

Ryan Adams se encuentra en un momento dulce de su vacilante carrera. Su último álbum le ha valido la nominación al Grammy, amén de páginas y blogs modernos (hey Stereogum) haciéndole la rosca como si no hubiera un mañana. Seguramente, sin ser su mejor disco, Ryan Adams (2014) le haya dado más proyección a nuevo público de lo que en su día supuso Gold (2001), y eso abre el apetito a descubrir qué hay detrás de ese personaje que se viste con camisetas metaleras, se ríe de sí mismo y es capaz de tocar la fibra de manera sincera y sin conservantes.

El concierto en Londres de esta gira, después de haber pasado por aquí en Septiembre, se realizaba en el mítico Hammersmith Palais, ahora rebautizado a Hammersmith Eventim Apolo o similar. Su disposición interior se conforma como una especie de Brixton Academy talla XL, con una acústica y un ambiente muy acogedor.

El espectáculo empieza con “Gimme Something Good”, “Let It Ride” y “Stay With Me”, tres disparos certeros que ponen al personal rápidamente en guardia. Porque lo mejor de un artista tan prolífico es que cada cual viene por su propia razón. Los hay nostálgicos que buscan al Ryan de los Cardinals, que lo encuentran en “Magnolia Mountain”. Los hay que vienen por el más eléctrico, que también lo encuentran en “This House Is Not For Sale”. Los hay clásicos, que se desviven por el “Heartbreaker” y que tienen en “My Winding Wheel”, “Come Pick Me Up” o “Oh My Sweet Carolina” su ración de año 2000.  Y los hay rockmánticos, que tienen sus tazas en las emotivas “Everybody Knows”, “Dear Chicago”, “When The Stars Go Blue” o “Two”, e incluso en las interpretaciones a flor de piel que se marca en solitario, con las viscerales “I Love You But I Don’t Know What To Say”, la mencionada “My Winding Wheel”,  o un “I See Monsters” donde deciden terminar el tema a lo grande: con la banda irrumpiendo sin piedad para añadir un inesperado final rockero. Muy acertado para un tema tan oscuro como exquisito.

En el escenario, además de amplificadores tamaño industrial, máquinas recreativas y un gato, le acompaña The Shining, armados con guitarra (Mike Viola), bajo (Charlie Stavish), teclados (Daniel Clarke) y batería (Freddie Bokkenheuser) . Se trata de la banda que le ha acompañado el último año y medio en su particular club musical de PaxAm Records. Es obvio que no son los Cardinals, ni siquiera la soberbia banda que le acompañaba en 2013, comandada por el sublime Benmont Tench, de Tom Petty & The Heartbreakers, y Ethan Jones. No obstante la banda aguanta perfectamente el arreón y acompaña de manera magistral en re-interpretaciones de altura, como un folkie “New York, New York”, cuyo tempo suave le hace sonar más directa y melódica, o un “Trouble” al más puro estilo “This Is It” en versión de Cardinals, más larga y más estilizada a los Smiths.

Ryan Adams en concierto
También tiene momento para jugar con el público y crear una canción de minuto y medio de uno de los comentarios que lanza alguien al escenario, y de hacer una gran versión del “Your Fool”, de Natalie Prass, telonera de excepción en su gira, que está tomando gran protagonismo en los conciertos. De hecho ya durante su propia actuación cuenta con Adams en uno de los temas, y aún volvería a salir al escenario en otro par de ocasiones.

De su nominado último álbum, también sonaron “Kim” o “I Just Might”. La parte final llegaba y con ella su culmen. “La Cienaga Just Smiled” y una emocionante “When The Starts Go Blue” arrancan grandes aplausos de una audiencia atónita, ensimismada después de ver como Adams daba paso de nuevo a una joya en potencia como es Natalie Prass. La de Virginia hace de Emmylou Harris en “Oh My Sweet Carolina”, poniendo una emocionante segunda voz en el estribillo y redondeando la magia de un tema marca de la casa. El bis final no podía ser otro que “Come Pick Me Up”, con Natalie de nuevo tocando la guitarra y cantando, dejando al publico en éxtasis y con ganas de más.

El sonido, el sitio, los temas… Nada falló en el concierto del norteamericano, pero hay algo que no encaja. O esa es la sensación personalísima que nos dejó el concierto.  Falta algo. Algo que tiene que ver quizás con lo que Bruce conseguía en ese mismo escenario hace 40 años exactos. Quizá se trate de un golpe definitivo encima de la mesa, de la sensación de irte a casa noqueado por haber visto algo mítico.

Todo fue sobre ruedas, no me malinterpreten. Pero después de seguir la extensa trayectoria del que seguramente sea el mejor autor de nuestra generación, hay algo que no sabemos explicar que nos empuja a pensar que le hace falta algo.

Quizá haya que buscarlo en una carrera irregular, en los cambios de banda, en su ruptura sentimental con la actriz Mandy Moore, en lo especial del artista, o en la alineación de los planetas, pero a pesar de lo abrumador que resulta, a este genio da la sensación de faltarle algo importante. ¿Tiempo para estabilizar la carrera como los que han escrito la historia? Es posible. O no. O quizás veamos pájaros donde no los hay.

Quizá quiera abarcar mucho, quizá no se tome en serio tanto como debiera, quizá endiosamos una figura con una cabeza inabarcable, pero hay algo intangible que no sabemos encontrar. Ryan Adams ha trazado multitud de líneas en sus más de dos décadas de carrera, líneas que le han llevado del country al punk, pasando por el “rock Replacements” o la canción de autor de bajos fondos. Su cabeza debe ser una centrifugadora apunto de estallar y tiene algunos puñados de discos que nunca han visto la luz. Pero a pesar de lo hermoso del espectáculo ofrecido el Viernes, a este genio le falta de alguna manera esa “extra mile” para completar el círculo de los grandes. Llámenlo equis. Y le falta a él, o me falta a mi, pero a alguien le falta algo.

Los críticos se han puesto de acuerdo en encontrar la estabilidad del artista en este disco, y augurar que está en el camino adecuado. Y los seguidores así quieren creerlo también. Sea como fuera sigue siendo un genio inimitable y las respuestas probablemente se disipen en los próximos años. Mientras tanto, sigamos disfrutando de su música, por supuesto.

Abajo el setlist completo.

DB

RyanAdams_set_list

Anuncios

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s