Lo mejor de 2016

PJ Harvey 2016

2016 ha sido un año extraño musicalmente hablando. Ha habido bajas importantes como son las de Prince, Bowie o Cohen. Pero también ha sido un año en que hemos visto multitud de grandes discos desde los géneros más diversos posibles. Y esa diversidad es precisamente lo que solemos celebrar en Rockast. Discos además que en su mayoría conviene escucharlos en su totalidad para poder ponernos en situación. 

A continuación hemos seleccionado los 20 discos favoritos de la redacción de lo que ha dado de sí 2016. Una lista en la que caben clásicos y debuts, colaboraciones y proyectos en solitario, electrónica, psicodelia, hip hop, rock,  soul… Todo vale mientras lo que escuchemos nos haga sentir algo. Porque al final de eso se trata. 

Además tenemos varias playlists en Spotify para que puedas hacer un seguimiento instantáneo de los mejores temas según salen (New Music 2016), de los favoritos del año, o de los 20 más destacados que aquí te mostramos.  

20. Money – “Suicide Songs”

Segundo álbum de los mancunians tras un gran debut como fue “The Shadow Of Heaven” en 2013. El ambiente en el que envuelven los nueve cortes de “Suicide Songs” se torna soñoliento y melancólico pero extrañamente apetecible. Como una flecha lanzada al espacio, Money despachan temas atemporales que hablan de la muerte y temas existenciales desde una perspectiva que no resulta ni mucho menos oscura.

“I Am The Lord”, “I’m Not Here” o “Hopeless World” cuentan con una épica contenida y ejercicios de piano y cuerdas muy atractivos. Una formación y un trabajo alejado del mainstream y producido por Charlie Andrew (Alt-J) que pone a la banda en órbita.

 

19. Max Jury – “Max Jury”

Max Jury es una joven promesa de 23-24 años que sabe aprovechar al máximo el soul, country y blues que corre por su cabeza para armar un disco debut más que digno. El de Iowa propone un disco frágil pero con pies de plomo. Baladas y medios tiempos que hacen resonar en nuestras mentes nombres como Matthew E. White, M.Ward o Ryan Adams. Una suerte de anti-héroe americano dispuesto a llevárselo todo por delante con temas como “Beg & Crawl”, “Numb” o “Little Jean Jacket”.

 

18. Richard Ashcroft – “These People”

No es un tipo que se prodigue mucho. Le gusta hacer vida familiar y recoger a sus hijos del colegio como otro padre más. En su primera entrevista en seis años afirmaba a NME: “He estado sin teléfono móvil 4 años. Me había convertido en un esclavo de él. La cantidad de tiempo que pasas preguntándote porque lo has encendido. ¿Estás realmente haciendo algo o solo es un hábito que está fuera de control?.” Pero Ashcroft está muy activo. “These People” contiene su inconfundible sello personal, porque a esa voz maravillosa hay que añadir el cuidado de Will Malone en los arreglos de cuerda que tanto asociamos a su música, pero también algunos pasos hacia la electrónica.
Pequeños pasos que después del ligero desconcierto resultan acertados. “Out Of My Body” es un buen ejemplo de ello. “These People” nos deja algunos temas muy destacables como “Hold On”, “They Don’t Own Me”, el tema que da título al álbum o bellezas como “Ain’t The Future So Bright” o “Picture Of You”. Un gran regreso de un tipo que sigue siendo uno de los músicos más talentosos del Reino Unido.

 

17. Andrew Bird – “Are You Serious?”

Hacer entretenimiento sin caer en clichés, entretenimiento con guiños clásicos, con talento y naturalidad. Andrew Bird es una melodía andante. “Break It Yourself” fue su último disco, en 2012. Desde entonces ha realizado proyectos diversos como “I Want To See Pulaski At Night” , el instrumental “Echolocations” o el disco de covers de Handsome Family.

Pero Andrew se ha casado y ha sido padre, y ha trazado un disco que desborda con un ansia que no había antes energía y ganas de contar y mostrar cosas: “Capsized” es una canción gigante, con una fuerza arrolladora para dar salida al disco, mientras “Rome Fade” llama a los crooners con elegancia y belleza,. Cuenta con la inestimable ayuda de Fiona Apple en “Left Hand Kisses”, pero es capaz de bajar un peldaño en temas de salón de jazz como “Truth Lies Down” o volver a subir de un plumazo en una divertida “Puma”. Un disco tremendamente disfrutable que resiste el paso del tiempo.

 

 

16. Tycho – “Epoch”

Los primeros segundos de “Epoch” suenan a megafonía de estación de tren. Y a decir verdad nada más certero, porque con eso comienza un viaje sonoro placentero como pocos. Al final lo importante en la música es cómo te hace sentir, y Tycho es todo un artista en cuanto a dream pop electrónico se refiere.

Sus piezas no se extienden interminablemente ni tiran de ritmos repetitivos. Las viñetas que consigue Scott Hansen, el productor detrás de Tycho, nos llevan inevitablemente por parajes y ambientes ensoñadores que tiran de rock, de post-rock y música ambiental cuidada con especial mimo. “Division”, “Horizon” o “Epoch” son solo algunos de los temas más logrados de un proyecto que no deja de crecer.

 

15. Steve Mason – Meet The Humans

La voz cantante de los aclamados The Beta Band nos ha deleitado este 2016 con un  álbum certero y elegante. Encontramos  esos ritmos folktrónicos que tanto nos cautivaron en The Beta Band y la majestuosidad y euforia moderada  de un tipo que se ha dedicado más a la producción en estos últimos tiempos.

La experimentación de antaño ha dado paso a melodías redondas que no pasan desapercibidas.  Todo cobra más sentido aún si tenemos en cuenta que ha contado con Craig Potter de Elbow en la producción. Su mejor álbum hasta la fecha.

 

14. Iggy Pop – “Post Pop Depression”

Uno de sus mejores trabajos en años. Rock pujante, con presencia. Oscuro y valiente. Cualquiera diría que los años no pasan por James Newell Osterberg. En esta ocasión se asocia con un gurú como Josh Homme, todo un especialista en convertir en oro todo lo que toca. Y con Iggy Pop no era tarea sencilla. La sombra de los Stooges y los discos con su amigo Bowie (“The Idiot” y “Lust For Life”) proyectan una sombra muy alargada.

“Post Pop Depression” apunta con precisión y dispara con conocimiento de causa. Porque a pesar de contar con la ayuda de Josh y de Dean de Queens of the Stone Age y de Matt Helders de Arcitc Monkeys a la batería, el disco desprende el carácter de Iggy por los cuatro costados. Hay partes más oscuras y pesadas, otras con su punto psicodélico o vacilón, pero en todo momento está presente el rock seco y primitivo marca de la casa. Rock preciso y directo que ataca sin preguntar. Un puñetazo en la mesa en toda regla.

13. The I Don’t Cares – “Wild Stub”

Menos de un año después del nuevo anuncio de separación de los Replacements, el bueno de Paul Westerberg lanza su nuevo proyecto junto a Juliana Hatfield. “Wild Stub” tiene obvias reminiscencias de los Replacements, y eso es precisamente lo que le hace irresistible. Es un álbum en el que escuchamos a dos músicos divirtiéndose sin más pretensión que la de hacer lo que más les gusta. Música de músicos a los que no les hace falta hacer música para vivir. Esa sensación efímera de naturalidad que comparten con el público es el ingrediente fundamental. Porque luego está el talento. Los guiños de “Outta My System”, “Back” o “King of America” suenan a riffs familiares con los que hemos disfrutado épocas atrás.

 

12. Michael Kiwanuka – “Love & Hate”

El debut de Michael Kiwanuka llamó la atención gracias a una voz soul exquisita y un estilo que mezclaba el mejor folk con la música negra. Pero ha sido en este segundo álbum en el que el londinense ha recogido las mejores críticas. “Love & Hate” nos trae suaves recuerdos a gigantes de la talla de Ottis Reading, Curtis Mayfield o Marvin Gaye. El soul de Memphis, el blues y el folk forman un ataque que tira de melancolía y buen gusto a lo largo de todo el álbum. “Black Man In A White World”, “Love & Hate” o “One More Night” son solo algunos de los temas más destacados de uno de los mejores discos del año.

 

11. King Gizzard & The Lizard Wizard – “Nonagon Infinity”

Ocho discos en cuatro años. Ahí queda eso. 9 cortes que suenan en bucle, sin una sola pausa. Un álbum certero del que no puedes bajar una vez montado. Se dice que es el primer álbum en bucle de la historia. Además las notas del final del disco conectan con las primeras. Hagan la prueba. Es psicodelia, es pop sesentero, es punk, es rock garajero, es frenesí y es una locura evasiva. El disco de King Gizzard & The Lizard Wizard no es apto para todos los públicos.

 

10. Kevin Morby – “Singing Saw”

Kevin Morby no es nuevo. “Singing Saw” es su tercer disco en solitario, si bien ha sido el bajista habitual de Woods y también formó junto a Cassie Ramone de Vivian Girls la banda The Babies en Brooklyn. Sin embargo este es sin duda su mejor álbum. Influenciado por los 70 de Dylan o Cohen, En “Singin Saw” se apoya ligeramente en el folk para desatar todo su imaginario y jugar con el doble sentido, melancólico y multitudinario cuando se le antoja. “I’ve Been To The Mountain” es uno de los temas del año, con un crescendo que se va cargando de elementos como coros y trompetas (Calexico al teléfono…) y que deja con ganas de más. Amén de un video absolutamente genial.

“Dorothy” tiene una línea parecida mientras que “Black Flowers” o “Singing Saw” juegan con la pose y la psicodelia setentera. Un tipo al que colocar en la línea de Kurt Vile, Ryley Walker o Steve Gunn del que seguro que hablaremos en más ocasiones.

 

9. Whitney – “Light Upon The Lake”

Si hablamos de nostalgia, unos “newcomers” como Whitney no pueden pasar de largo. Su primera carta de presentación fue un “No Woman” que ya vale el disco entero. Un riff que entra sin anestesia y que hace girar las cabezas hacia la banda compuesta tras la desaparición de Smith Western por Julien Ehrlich y Max Kakacek.

El primero cuenta con una voz de soul irresistible, sacada de otra época y con un color especial. Hay reminiscencias de los geniales Smith Westerns, pero han creado un clásico contemporáneo a través de melodías suaves que tienen más en común con bandas de hace 40 años que con sus coetáneos. “Golden Days” ha sido una de las canciones del verano indie, y temas como “No Matter Where We Go” o “Dave’s Song” seguro que han acompañado más de un viaje a la costa.

 

8. Anohni – “Hopelessness”

Poco se puede decir que no se haya dicho ya de Antony Hegarty. “Hopelessness” es su primer trabajo en solitario después de cinco discos como Antony and the Johnsons. Supone su primer disco tras su transformación en mujer, algo a lo que los medios dieron mucha bola y que provocó el hartazgo de Antony.

En el plano meramente artístico, este disco apunta alto con la producción de dos ases como son Hudson Mohawke y Oneohtrix Point Never. Su giro a la electrónica podría pasar por un cambio radical de estilo, pero nada más lejos de la realidad. El instrumento más reconocible de Anthony es su voz, y aunque en ocasiones cante por debajo de su registro habitual, esta sigue presente y reconocible. Así como la lírica y la angustia presente a lo largo de todo el disco. La crítica está presente para con el planeta en “4 Degrees” (“Son solo 4 grados, quiero ver este mundo hervir, quiero ver a los peces panza arriba en el mar”) o con la administración americana y la pena de muerte en “Execution” y “Obama”. Precisamente en este último es donde mejor se ve el abrazo a la experimentación junto a “Violent Man”.

Antony ha querido acercarse a la vanguardia con dos productores de renombre después de la apuesta escénica que supuso “Vida y Muerte de Marina Abramovic”, obra con quien le vimos actuar en el Teatro Real de Madrid. Un acierto de una de las personalidades más influyentes de la música contemporánea.

 

7. Kate Tempest – “Let Them Eat Chaos”

Kate Tempest refleja la realidad de la realidad con una crudeza que asusta. La británica también acaba de publicar “Mantente Firme” (La Bella Varsovia), un libro de poemas, pero hace teatro (“Wasted”) e incluso su novela está a punto de salir al mercado: The Bricks That Built the Houses (2017, Sexto Piso).

Ha estado nominada al Mercury Prize y ha ganado el Ted Hughes de poesía y es la gran esperanza del hip hop de las islas. En “Let Them Eat Chaos” dibuja con precisión las vidas de distintos personajes en Londres que podemos fácilmente extrapolar a cualquier ciudad occidental.

 

Habla de decadencia, de selfies, de injusticias políticas y sociales, de realidades que nos empeñamos en no ver y que duelen. “Son las 4.18 y  siete personas que no se conocen entre sí están despiertos en medio de una tormenta que azota la ciudad. Salen a la calle y conectan con algo más grande que ellos. Algunos acaban de volver del trabajo, otros no pueden dormir, otros tienen pesadillas… En todos ellos hay un punto de soledad y vulnerabilidad, están atrapados en sus propios pensamientos”  Contaba Tempest a El Diario hace unos días. Pocos discos logran conectar las realidades y miserias de una ciudad y sus habitantes de una manera tan clara. A su manera lo hacía Burial en el genial “Untrue” de 2007, y a la suya tan propia lo hace Tempest. Un disco imprescindible.

 

6. The Avalanches – “Wildflower”

Si existe la felicidad constante y el fluir como estado de ánimo, estos se encuentran en el repertorio de los Avalanches. Hace 15 años sacaron su único álbum, un disco aplaudido hasta la saciedad cuya condición de “hijo único” les hacía ganar enteros y colocarles en un bonito pedestal. Bien, pues 15 años después aparece como si nada “Wildflower”, un compendio donde no podía faltar su habitual colección de samples, todos en fila esperando su turno hasta que la fila se rompe y la orgía de buen rollo sale a escena.

Como un cocktail de nostalgia rebosando una copa una y otra vez, “Wildflower” es un disco para escuchar en bucle y gozar con toda la paleta de sonidos y recovecos que nos tiene preparado. La psicodelia y el funk unidos a los samples consiguen un disco de los de guardar. “Because I’m Me”, “Since I Left You”, “If I Was a Folkstar”, “Colours”… la colección es sencillamente fantástica. Y pensar que hay quien ha dejado de escuchar discos completos.

Los años de desaparición se justifican en batallas legales para conseguir los derechos de los samples que suenan en el disco. Esto puede llevar a pensar que este es el disco exacto que podía haber salido en 2002, por ejemplo. Ypuede que así sea. Pero aún así el disco encuentra su hueco y su momento, y en esto es único. Temas que no se convertirán en clásicos inmediatos porque ya no estamos en los años de los clásicos inmediatos. 15 años tarde o no, el disco es dinámico, es tierno es entretenido y es divertido, adjetivo que raramente vemos en la música de hoy en día. “Frankie Sinatra” o “Subways” son buenos ejemplos de ello.

 

 5. PJ Harvey – “The Hope Six Demolition Project”

Es una de las artistas más influyentes de la historia de la música reciente. Por eso antes de que podamos abrir la boca y opinar de sus discos la buena de Polly Jean ya ha ido y vuelto varias veces. En el caso de “The Hope Six Demolition Project”, se ha inspirado en sus viajes a Kosovo, Afganistán y EEUU junto al fotógrafo Seamus Murphy. Un viaje del que dejó buena huella en el libro “El hueco de la mano”.

El disco describe los cambios del mundo que la artista ve a su alrededor con precisión y crítica. Hay temas redondos como “The Community Of Hope” (Okay, now this is just Drug-Town, just zombies, but that’s just life/ in the community of hope” que terminar con un significativo “They’re gonna put a Walmart here”), “The Orange Monkey”, “The Ministry Of Defense” o una genial “The Wheel” (“Hey little children don’t disappear / I heard it was twenty-eight thousand”), que viene a ser una referencia a la guerra que miramos con indiferencia desde occidente. Un álbum muy completo de un talento arrollador como es el de Harvey.

 

4. Bon Iver – “22, A Million”

Justin Vernon ha demostrado ser un alfarero que trabaja la emoción como pocos. Y el curso natural de su curiosidad nos lleva a un disco que a algunos les sorprenderá sin saber de primeras si es para bien o para mal.

El tercer largo de Bon Iver es un paso adelante en cuanto a experimentación. Voces procesadas, partes instrumentales sesgadas, temas que suben a la estratosfera y temas que bajan a la tierra. Un disco frágil y vulnerable,  tan raro como extraordinario. 34 minutos que implosionan el mundo de Justin Vernon de manera íntima y personal y del que somos testigos a los que no se nos deja tocar.

La parte acústica ha desaparecido casi por completo. En su lugar,la apuesta por la electrónica va un paso más allá gracias a la genialidad de su ingeniero Chris Messina, quien ha inventado una herramienta (la “Messina”) que permite mezclar en directo la voz procesada por Prismizer (software similar al Vocoder), con cualquier instrumento.

El resultado es un viaje entre nebulosas, con canciones que parecen flotar sin destino mientras otras parecen asentadas. “For Emma, Forever Ago” también era experimental y muy personal, pero en este caso dispara a la existencia y a algo definitivamente intangible que resuena en la cabeza del autor con fuerza. (“It Might Be Over Soon” / “Oh then, how we gonna cry? Cause it once might not mean something?). Un disco no inmediato que necesita varias escuchas para asimilar su complejidad y belleza.

 

3. Savages – “Adore Life”

El debut de Savages en 2013, “Silence Yourself”, puso en el panorama a una banda joven cuyas letras estaban llenas de energía y agallas. El segundo disco no se antojaba sencillo y obviamente aunque no suene tan fresco como el primero, sigue siendo uno de los discos “terrenales” más potentes del año. “Evil”, “The Answer” o “I Need Something New” disparan a diestro y siniestro. Si a esto le ponemos una puesta en escena agresiva y afilada con la mejor frontwoman del rock, tenemos el combo completo.

Mención aparte merece el tema que sugiere el título al álbum. “Adore” es un tema que muchas bandas veteranas llevan años esperando escribir y que la banda de Jehnny Beth borda con absoluta naturalidad. Pero es que además tienen uno de los directos más potentes y arrolladores que se pueden ver en la actualidad. Si nada se tuerce, Savages va a ser la banda más grande del planeta.

 

2. David Bowie – “★”

Esto es una obra de arte. Por el fondo, el contenido, la forma de hacerlo, de presentarlo, de imaginarlo. Tiene conceptos y detalles que inspirarán los discos más vanguardistas de los próximos años. Porque funciona así.

Bowie llevaba años sin hacer apariciones públicas y solo sus más allegados sabían lo que se traía entre manos. Hace tres años publicaba “The Next Day”, un álbum que repasaba su carrera y que sería recibido entre aplausos de público y crítica. En esta ocasión y con algo como la muerte en la palma de su mano, nos presenta un trabajo que sabe a ciencia cierta que no va a estar presente para defenderlo.

El primer tema de “★” que nos dio a conocer fue “Blackstar”. Es un tema que te deja absolutamente descolocado. Un tema precioso y extraño, de diez minutos de duración, con una melodía fabulosa y unos cambios tan impredecibles como exquisitos que oscilan sin miedo entre la oscuridad del avant-jazz y la ternura más ingenua (“Something happened on the day he dies”). El vídeo es escandaloso. Un bala en forma de jeroglífico. ¿Autobiográfico? Seguramente. Bowie enseñando la “biblia negra” de lado a lado, los ojos vendados, “I’m not a popstar, I’m not a filmstar, I’m a blackstar, I’m a star star”. 18 meses de dura lucha contra el cancer y dejar una obra póstuma que queda entre lo mejor de su carrera no está al alcance de cualquiera.

Con toda la grandilocuencia contenida de “Blackstar”, el primer single elegido fue “Lazarus”, que resulta también ser una obra estratosférica. Un tema como todo el álbum autobiográfico y vulnerable. “★”  es una obra de arte. Hemos tenido la suerte de haber vivido en la misma época que un mito.

1. Nick Cave & The Bad Seeds – “Skeleton Tree”

El 14 de Julio del pasado año, Arthur Cave, uno de los hijos de Nick Cave, perdía la vida tras caer por un acantilado en Brighton después de tomar LSD junto a un amigo. El trágico suceso agita la vida del idolatrado australiano afincado desde hace años en Reino Unido, quien se encontraba ya trabajando en nueva música.

Esta es la base en la que gira todo “Skeleton Tree”, la mejor obra de Cave de los últimos años. Un estado de shock de 39 minutos capturado con letras y notas. Un chute de humanidad en toda regla. Un disco estremecedor que se escapa de nuestras manos como el agua entre los dedos.

La manera de traducir a música un sentimiento tan aterrador es absolutamente magistral. “Skeleton Tree” es un trabajo minimalista donde la voz de Cave se apoya en estructuras que quieren ahondar en la herida, buscando una salida imposible de forma desesperada: “And if you want to leave, don’t breath”. “You fell from the sky / Crash landed in a field”.  “With my voice, I’m calling you”.

Vino presentado por un documental que haría las veces de banda sonora con los papeles cambiados. Un visión estremecedora de lo que sucedió, los puntos de vista de su familia, sus compañeros y un Cave al que le cambió la vida para siempre. Un suceso que seguramente marque un antes y un después en la carrera artística de Nick Cave.

Decir que un disco está fuera de este mundo nunca fue tan literal. Porque hay ciertas obras que no cuestionan los gustos, los definen. “Skeleton Tree” es un disco desnudo. Un obra que se desprende de todas las capas posibles para llegar a cantar a la muerte desde lo más dentro y lo más cercano que se puede estar en vida. Y este disco sin ese trágico suceso sencillamente no hubiera sido posible. Este disco no es perfecto, pero es real. Es trascendental. Y eso supera la perfección.

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