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Lo que Florida es al surf.

Aunque el tiempo no acompañe, el previo más significativo del verano más ansiado es Astro Coast, el debut de los americanos Surfer Blood, unos chavales de Florida de 20 veranos que traen su aparente positivismo con una version de Beach Boys para la nueva decada. Y decimos aparente positivismo porque a pesar de venir de la vacacional y pija Palm Beach y de hacer la música refrescante  que hacen, ellos mismos no se sienten agusto con la etiqueta que les han endosado, y ni tan siquiera les hace especial gracia lo del surf… Lo suyo es algo más oscuro que claro.  La primera impresión de su sonido entonces lleva a confusión, ya que su música no es precisamente lo feliz que aparenta a primera escucha. Los chicos crecieron en un sitio no apto para ninguna clase de rock, y más bien adecuado para actividades más tradicionales de niños de papá. Pero estudiaron en un lugar donde surgieron algunos artistas y bichos raros, y posiblemente esa mezcla de ambientes es lo que debe haber influido en los caracteres de unos chicos que a pesar del éxito  conseguido en sólo 6 meses, no piensan ni  mudarse a Brooklyn. Aún así, el caso es que hay muchas bandas que hacen surf rock, pero la diferente interpretación que han realizado éstos tipos es lo que les está permitiendo extenderse como la pólvora, gracias sobre todo al rústico e infalible boca-oreja, justificado en todo caso por la calidad del LP en cuestión.

Lo realmente destacable en lo que traemos es que se trata de una banda extremadamente joven y con un talento desmesurado ya en su primer trabajo. Una carga de sonido positivo no tan descarada como The Pains Of Being Pure At Heart pero igualmente valida para mentes más realistas.

El disco tiene obvios ecos a PavementWeezer lejanos, Sonic Youth o Pixies. O a los más inmediatos Shins sin ir más lejos. Algún ligero toque africano como bien sabe explotar Vampire Weekend, influencias de The Cure,e incluso momentos muy cercanos a Arcade Fire en temas como Harmonix. La convivencia de tiempos de guitarras y voces le da un juego ganador.  La producción, realizada por ellos mismos (concretamente por el cantante, John Paul Pitts,  es soberbia. Guitarras afiladas pero concisas, y reverberación vocal para contar el estilo californiano al modo de ver de la soleada Florida. Temas playeros que recogen la esencia del rock sureño más clásico y desenfadado. Y funciona, porque engancha como pocos.

El primer single es el completo Swim, aunque hay un puñado de positivos como el tema que abre, Floating Vibes, Take It Easy, Harmonix, la instrumental e inadvertida Neighbour Riffs,  la rápida Fast Jabroni, la suave Anchorage con riff molón incluido y guiño a Dinosaur Jr,  o el temazo que cierra mentando a Obama, Catholic Pagans.

Un imprescindible en la discoteca de 2010. En Mayo en el Primavera Sound de Barcelona.

Rock en guardia, electrónica de vanguardia.

Desconozco si debe llamarse fenómeno al caso de los mancunians Delphic. Una banda que algunas voces intentan desinflar por el marketing que supuestamente han recibido. Marketing que por otro lado apenas se percibe fuera de las islas británicas.

Delphic son sin duda una de las revelaciones de 2010. Son 4 tipos que se intentan marcar la enésima fundición de rock y electrónica desde la gastada perspectiva indie. Y todo para llegar a un público acomodado en los ritmos de Friendly Fires, Cut Copy o sus vecinos Foals. Como si la electrónica quisiera ser el nuevo rock.

¿Dónde está entonces la emoción de algo que ya está inventado? Pues precisamente reside en la facilidad para hacer temas bailables, energéticos, y más innovadores que lo que hayamos escuchado antes, sin caer del lado de la electrónica o el dance más clásico. Y hacerlo de modo que suene lo más original posible, sin caspa, para poder hacerse un hueco entre los ritmos más actuales. Ésto es, groso modo, lo que hizo Bloc Party, Justice, o los Klaxons, bandas de las que ahora beben los de Manchester.

Después sólo queda dar al play y disfrutar del viaje. El álbum se llama Acolyte y en conjunto tiene un ritmo frenético. De esos pocos que no importa repetirlo de nuevo apenas finaliza el último tema. Es la elegancia de la música más vanguardista. Un buen álbum para conducir. Delphic es una banda de rock que se codea con la electrónica, y no al revés. No tratan de repetir beats sin sentido, sino de acomodar su estilo y darle si hace falta la forma de post-rock que pueden tener temas como Acolyte.

Me parecen formidables los Red Light, el propio Acolyte, Halcyon o el tema que cierra el disco, Remain, que casualmente no fueron temas elegidos como singles, de momento. Y eso que éstos, Counterpoint, Doubt o This Momentary son tambien grandísimos temas. Ésto habla de la calidad del disco. Sin dejar un momento de respiro. Sus paisanos de New Order seguro están gratamente sorprendidos. Y es que ésto, es la definición del sonido más de moda.

Un disco que hace llamamientos a remixes se mire por donde se mire.

El 26 de Febrero actúan en Barcelona.

Salud.

D.