El refrito está servido.

Son el último guiso de la cazuela de Rough Trade, los nuevos nuevos-Strokes que teloneaban el año pasado a los nuevos Strokes del 2011, es decir, a los Vaccines.

Howler están en el ojo del huracán pero es difícil fiarse de ellos. Han llamado a una puerta abierta de par en par hace 10 años, pero a la que ahora no quieren ver a nadie disfrazado sino alguien que les sorprenda con una jugada maestra. El indie propiamente dicho como etiqueta de los últimos 10 años está apunto de caducar. Lo maquillan, lo adulteran, lo engalanan, lo modernizan, lo idealizan…  pero ya no cuela.  Hay tanta basura ahí fuera que cuesta encontrar algo que valga la pena entre tanta porquería.

Éstos post-adolescentes de Minneapolis que no nacieron a tiempo de Achtung Baby, lanzan al vuelo un álbum con reminiscencias de  Strokes / Franz Ferdinand, con riffs que hemos elogiado en Vaccines hace poco, o en Yuck hace menos y con unos paralelismos a los Drums más que curiosos.  Pero aún con todo, como dicen por ahí, la riqueza está en la mezcla. Por eso, la primera escucha lleva a extraños, porque aunque perezosa es traicionera. En el sentido en que la sensación de refrito es tal que puede hacer aborrecerlos de inmediato. Pero lo cierto es que  Howler consiguen realmente mezclar de alguna manera el sonido de la brillante California con el rock sucio y desaliñado del CBGB, viniendo de la tierra de los Replacements.  Y cada palo que aguante su vela. Los tipos van a conseguir quedarse por H y por B.  Porque su America Give Up, -guiño guiño- contiene temas que pretenden convertirte en creyente cuánto mayor sea el ruido y las voces que lo esparzan. Su single I Told You Once tiene todos los ingredientes puestos en fila de a uno. Y funciona.

“Well I hate myself, more than I hate you”

Aunque venga a la mente el Someone Else de Razorlight. La velocidad automática que le meten en This One’s Different o la tozudez de Black Lagoon es por momentos insultantemente Strokes/BRMC. Al final, la controversia es, si el fin justifica los medios o si no se les debe dejar pasar. Sea lo que fuera el disco no es malo ni mucho menos, es una banda que tiene el algo y que es disfrutable sobre todo si te has dejado guiar por las directrices de NME los últimos 10 años,  aunque el sambenito de vintage de algo continuamente imitado no se le va a descolgar facilmente.

Salud

D

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