Damos por hecho que la música está dentro de nosotros, pero no conviene olvidar que también está dentro de los demás, de cada uno de ellos. Con sus historias y parafernalias particulares. Hoy, a pesar de estar en un bar, no venimos a hablar de fútbol ni de política. Vamos a hablar de música con un músico. Vamos a charlar desde el punto de vista de alguien que se sube al escenario para observar.
Hoy no estamos haciendo una excepción. Si se fijan, esta esquina siempre ha sido un sitio musical para mentes abiertas. Por eso hoy traemos un punto de vista desde otra perspectiva. Porque, si bien en estas páginas estamos habituados a hablar de bandas emergentes con algún disco en el mercado o pequeñas promesas internacionales que creemos que puedan dar el salto, hoy hablamos con un músico español (ya mencionamos aquí su single de debut] instalado actualmente en Múnich que continúa, a su ritmo, con una trayectoria musical humilde pero que le ha llevado a girar recientemente por lugares tan exóticos como Afganistán (!?!?!), a ser presentado por Javier Vielba (mejor dicho: El Meister cuando se dedica a sus labores) de Arizona Baby en el especial de Navidad del Borsalino, o ser uno de los favoritos de la prestigiosa revista Jot Down. Incluso el mismísimo Pablo Carbonell ha declarado que le gusta su primer single, LOS 4 Trillones De Dioses De Dólares.
Nos encontramos con Ál Carmona en El Farolito. Ese bar canalla de Valladolid cuyo nombre está inspirado en Bajo el volcán, novela de Malcolm Lowry con película de John Huston. La casualidad nos hace coincidir con Leo Harlem y el actor David Muro como parroquianos ocasionales. Pucela es así…
La primera en la frente: ¿Cómo demonios termina un músico español tocando para las tropas de la OTAN en Afganistán?
Estoy trabajando de técnico de sonido en un estudio de Múnich. A la banda de un compañero, a través de su bajista, que era militar, les ofrecieron ir a tocar allí para las tropas alemanas de la OTAN en Afganistán. Sólo tenían una hora de repertorio y necesitaban dos. Se lo comentaron a mi jefe, que es batería, y él me propuso ir, yo con el bajo y a cantar. Todo versiones. Entre mi jefe y dos de la otra banda, montamos en cinco días una hora de versiones.
Fue todo por azar, unido a que la gente del estudio conocía mi motivación por tocar. No entiendo el ejército, ni me gusta la guerra, ni hacer versiones… pero me dije «tengo que aceptar». Supongo que tenía más miedo de no ir y arrepentirme después, que de lo que hubiera podido pasar allí.
Entonces ¿te topas de frente con las consecuencias de la guerra? Quiero decir, la guerra de verdad, la que aparece en nuestros plasmas.
Sí, bueno, fue toda una experiencia, pero tampoco estuvimos en mitad de una batalla… No salimos de las bases de la OTAN. En teoría, creo que están en alerta amarilla. Una de ellas no encendía las farolas por la noche para evitar ataques y, entre el aeropuerto y la base en sí, íbamos con chaleco antibalas y casco, en unos vehículos blindados rarísimos… pero yo no oí ni un tiro, gracias a Dios.
¿Cómo se lleva una mini gira de 3 conciertos por las ciudades de Termez, Mazar-e-Shariffy Kunduz?
La experiencia ha sido bonita, pero extraña. Lo primero porque yo no hablo alemán, sólo inglés, y fuimos a bases alemanas. Estaba todo el mundo armado hasta los dientes y en una de las bases había un rollo, no digo de miedo, pero sí de tensión. Yo nunca he estado en un sitio parecido. Conoces a mucha gente que no es como tú. Que no tiene nada que ver contigo.
Musicalmente, yo he salido al escenario allí como no he salido nunca. Porque estaba muy lejos de mi casa. Y estaba solo. Solo.Pero cuando subes al escenario no piensas en nada. Tu quieres subir cuanto antes, y tocar. Y hay veces que quieres que se acabe, y veces que quieres que siga toda la vida. Pero no piensas en nada más que en la canción, estés donde estés.
«Después del trabajo, el azar es muy importante en nuestra vida, es algo que no valoramos lo suficiente ya no como músicos, sino como personas.»
¿Eres un músico español que se ha visto obligado por las circunstancias a emigrar de su país en busca de una oportunidad? Resulta muy difícil para uno ser profeta en su tierra ¿no?
Bueno, yo llegué a Alemania hace casi dos años para estudiar sonido durante tres meses. No tenía intención de quedarme allí a trabajar, ni nadie me obligó. Tenía la suerte de tener otras opciones. Pero vi una oferta de trabajo en castellano, en un estudio de grabación, les envié un mail y en la entrevista conectamos. Y allí estoy por el momento…
Y creo que sí que se puede ser profeta en tu tierra: hay música en español que triunfa, que permite a las bandas vivir de la música. Deberían de ser más, claro. Pero si te esfuerzas en hacer buenas canciones, tal vez le lleguen a alguien con tu mismo criterio. Luego, que cuentes o no con apoyo es otra cuestión. Pero aquí vuelve a entrar otra vez el azar para que tus canciones y su público se conozcan. Después del trabajo, el azar es muy importante en nuestra vida, es algo que no valoramos lo suficiente ya no como músicos, sino como personas.
Ál habla con un convencimiento de perro más viejo de lo que es. Su proyecto con los vallisoletanos Rober y Los Optimistas es bonito mientras dura. Cuando dura. Las distancias y circunstancias son las que han hecho mella en una banda que siempre que he escuchado y visto, y han sido un buen puñado de conciertos, pienso que es de esas bandas auténticas, de las de verdad.
Yo siempre os he imaginado más allá. Un poco fuera de vuestro entorno para poder divulgar ese rock de pueblo que crea adeptos por su originalidad y a la gente le gusta y realmente lo sienten como algo suyo…
…sí, y a veces también se asustan… ¡¡y con razón!! (risas) Rober y Los Optimistas realmente no hemos podido salir de nuestro entorno: Valladolid, Simancas, unas cuantas veces en Madrid… Pero es que Rober es esquizofrénico. Lleva su enfermedad muy bien, es un caballero y un maestro para mi y para muchos. Puede dar sopas con ondas a los que vamos de sanos. Pero le gusta seguir una rutina y no alejarse mucho de casa. Lo necesita.
¿Te parece justo…?
A mi Rober me ha enseñado que la justicia… mejor dicho: TÚ idea de la justicia, no te puede quitar el sueño. Hay que sacar partido a lo que tienes, hay que buscar el bienestar personal. Dicho esto: como compositor y como músico, Rober se merece mucho más respeto y atención. Eso me parece a mi. Pero mucha gente se queda con las risas y la forma y la locura y se pierden cosas muy bonitas y muy intensas de sus canciones y de nuestros conciertos.
También yo tengo que hacer justicia con Rober: tengo que acabar de mezclar un EP que grabamos en Madrid. En Afganistán me perdieron un disco duro con las premezclas, así que tendré que empezar de nuevo… A ver qué tal nos queda.
Has pasado la mayor parte de tu vida musical con Rober y Los Optimistas y ahora parece que llega el momento de presentar tus propios temas y de volar solo. ¿Te encuentras con más dificultades?
Bueno, la dificultad principal es que necesito una banda (risas). En Múnich estoy tocando con Paperas Theremín y estoy montando mis temas con ellos. Son un batería y un bajista. Pero no sé hasta qué punto podremos grabar o salir a tocar por España. Ellos están menos implicados que yo en dedicarle tiempo y dinero a la música. Necesito una banda que le gusten mis canciones, que aporten algo o que las hagan como yo quiero, y luego dinero para grabarlo. Hay temas preparados que han tenido buena acogida y a veces las tocamos en los conciertos con los Optimistas.
Mientras apura otro piti, unos entrados treintañeros se arriman a una de las estufas móviles que luchan contra los cero grados de la capital castellana, mientras se animan contando putadas varias de sus mejores despedidas de solteros. Dentro la gente está como en casa. Esperando la carta de ajuste. Son las 5 de la mañana y mañana es día de escuela.
Déjame que te mencione la industria musical, porque siempre es interesante verlo con los ojos de un músico que no aparece en MTV’s, ni otras parafernalias. La industria musical, con el reciente anuncio del posible cierre de HMV, que era ya la última gran cadena de Reino Unido que quedaba, no pasa por sus mejores momentos.
Yo no conozco nada de la industria musical, no sé de qué va, nunca he trabajado en ella. Por desgracia. Lo que sí echo de menos es no estar obligado a irme un sábado por la mañana a buscar discos y comprarlos y esa misma noche llegar a casa, abrir el celofancito, sin poner los dedos, sacar el libreto, ponerme el equipo y escuchar el disco entero. Nada de escuchar canciones. Escuchar de la primera canción a la última. El álbum. Leyendo las letras, viendo si aquí ha tocado el bajo éste o aquél, la guitarra nosequién, la batería tal, fotacas guapas… Que lo puedo hacer y lo hago de vez en cuando, pero internet es taaan grande y está todo y es casi gratis… es una tentación muy grande. Y yo soy muy vago.
La verdad es que esa nostalgia es cada vez más común en los sanedrines musicales, y me hace volver al tema de la manera en que escuchamos música actualmente. La forma en que todo ha cambiado, tan rápidamente y tan radicalmente. Muchos piensan que estamos mal educados musicalmente.
No sé. El tío que toca en la Sinfónica de Castilla Y León está educado de puta madre y seguro que te escucha el Spotify como tú y como yo. Pero creo que más que mal educados, la gente que tiene ahora 18 años se está perdiendo una emoción: la de apostar por un disco y concentrarte en él con atención. Digo lo de apostar porque antes había que pagar. Y luego también escuchar un disco, un álbum, en un equipo de puta madre. De principio a fin, con atención. Ahora se escucha en los altavoces del PC y si no te gusta, la pasas a los 10 segundos. A por otra. Yo por lo menos sé lo que era sentarte a escuchar un disco. Las canciones que más me gustan en mi vida, las he tenido que escuchar tres o cuatro veces. La primera me parecía raro, la segunda dudaba, la tercera ya sabías de que iba, y la cuarta vez ya decías, ¡vaya temazo! Y esa sensación de descubrir una canción… ¡buah! Pero bueno, yo no soy quien para decirle nada a nadie porque ahora yo también hago lo mismo, joder.
Entramos por otra ronda. Los camareros se quieren ir y así nos lo avisan. Será la penúltima entonces. El calor del amor del bar de Urrutia debería ser parecido a esto.
Pero Alemania es otra cosa.
Más que añoranza de un lugar, tengo añoranza de una época: de cuando era un chaval. Como todo el mundo. Con ganas de volver a España, sí, pero con más ganas de volver a tener 18 años.
Casi siempre me gusta preguntar a qué músicos se admira, porque a veces obtienes a clásicos pero otras veces te sorprendes.
No creo que te sorprendan mis gustos. Son muy populares. Pero por comentar algo íntimo: admiro muchísimo a Los Gandules. Me parecen unos musicazos que han hecho una deconstrucción de cientos de canciones clásicas que es una especie de jazz, pero en vez de con la música, con las letras y con la actitud. Les escuché por primera vez un sábado que llegué tarde, en la cocina de casa, mientras cenaba. !Me volaron la puta cabeza! Era un directo en Zaragoza de hace tiempo. Pero es que en los discos, además, ¡¡te sacan el sonido que quieras de quien quieras!! Son brutales. Espero ahorrar cuatro duros en breve para que me puedan grabar algo con su técnico en Zaragoza. De hecho, estamos en contacto de cuando yo estaba en bares y les traje una vez por aquí. Rober y los Optimistas les teloneamos también una vez en Madrid.
Por supuesto, a Rober de los Optimistas le admiro profundamente como compositor y como intérprete. He aprendido muchísimo con él. Muchísimo.
Lhasa de Sela también hizo música que me llega muy hondo. Preciosa y me recuerda muchas cosas. Una vez vino a tocar a Pucela y no había entradas, y me escuché el concierto entero en la calle, desde la puerta de atrás de la sala Ambigú. ¡En Diciembre!
Y, hombre, más que artistas, admiro discos, canciones… soy de escuchar mucho un disco más que de escuchar un par de veces muchos discos.
¿Cómo compones?
No me considero compositor… escribo música popular urbana. He hecho una docena de canciones que me gustan y que quiero sacar para adelante. Las letras son importantes.
A la hora de ponerte con un tema, los errores son fundamentales, buenos, beneficiosos: de un error mientras tocas te puede salir un puente nuevo, o un final perfecto, o una canción nueva. Y luego no hay que perder de vista lo indefinible de la canción, lo que la hace un poco diferente del resto aunque para todos haya doce notas…
Al final del día, entiendo que tu mente está con tu proyecto en solitario. Pero ¿prefieres que siga en solitario, o con banda?
Con banda. Absolutamente. No me gusta el formato voz y guitarra para mi. Pero, de momento, sigo buscando una banda por aquí que me traiga de vuelta a España…Volvemos otra vez al azar. ¿Sabes por qué los Stones, los U2, los Beatles, quien quieras… sabes por qué creo que están ahí? Porque han tenido la puta suerte de conocerse en el instituto, la suerte de entender la música de la misma manera, de trabajar igual, de tener todos voluntad de aprender… y ha ido todo junto ¡y eso es puta suerte! Porque si hubiera habido un miembro distinto, a lo mejor nada hubiera cuajado y se te jode la banda y acabas vendiendo pan, o siendo madero o trabajando de camarero. Es difícil tener una banda en la que todo encaje exactamente como quieres, pero hay entender la música de maneras complementarias. Y ser un yonki de tocar.
¿Con quién compartirías un escenario si tuvieras ocasión?
Pues hombre… soñaría con subir al escenario de Nick Cave & The Bad Seeds, en la época del No more shall we part. Aunque fuera para recogerles los cables o fregarles el suelo después del concierto.
Pero bueno, disfrutotanto tocando con gente de aquí de Valladolid a la que echo de menos viviendo fuera… Es que compartir escenario y que las cosas funcionen y el público se divierta… ¡es increíble! Aunque estés tocando con tu peor enemigo. (risas)
Es el gran momento. Estás a punto de salir al escenario en el concierto más importante de tu vida. ¿Quién está en la primera fila?
Pues preferiría no conocer a nadie. Es duro tocar para gente conocida. Me cuesta mirar al público. Verlo por ahí delante está bien, pero mirarlo… !buf! Te pueden subir para arriba o aplastarte. Y más en mi caso que, salvo excepciones, casi siempre toco para cuatro gatos.
Aunque desde hace poco me he propuesto observarles. Ni ver, ni mirar: observar con atención a ver qué hace la gente mientras toco. Como si el espectador fuese yo.
Ál, ¿eres feliz?
Sí. Ser feliz es una decisión, no es una circunstancia. Además, aquí tomando unas copas con los amigos es una decisión muy fácil de tomar.
Si se quedaron con sed, aquí tienen algo de beber:
Más música en www.alcarmona.bandcamp.com
Salud
DB



















































Listen to the Magick: Una noche con Ryan Adams.
Hay músicos forajidos que hacen su oficio de otra manera. Prácticamente artesanal y sin pensar mucho en el exterior. Músicos que están en la industria pero parecen estar al margen de ésta. Prestidigitadores que se empeñan en escondernos hábilmente sus movimientos. Estamos hablando de David Ryan Adams. Popularmente conocido como “Ryan Adams, No Bryan Adams Eh?”
El cuento viene a la gira An Acoustic Nightmare que está actualmente girando por algunas ciudades privilegiadas de Europa. Concretamente vamos a comentar el concierto de Oporto que pudimos asistir el pasado día 17.
La experiencia del concierto fue sensacional. Tuve la suerte de conocer a gente llegada de toda España con los que compartir momentos musicales y anécdotas de otros conciertos, amén de unas cuantas SuperBocks locales. Pero no era todo, allí había gente llegada de Holanda, Irlanda, Reino Unido, América o incluso Australia, que habían organizado convenientemente sus vacaciones para que coincidieran con el concierto en éste viernes mágico.
Las sensaciones no fueron las de un concierto al uso. Lo sabían quienes lo habían visto antes y lo intuíamos quienes lo veíamos por primera vez. La escena se convertiría en el tío Ryan en su salón tocando unos temas para unos amigos que vienen de visita. Tal cual. Interactuando con el público constantemente, bromeando e incluso oyendo – más bien desoyendo- sugerencias del personal.
Nos encontramos con el Ryan más afable y empático que nos podíamos encontrar. Doy fe de que no tiene set list alguno y va tocando temas indistintamente, según el feeling que tenga esa noche. No obstante, nos comentaba el técnico de sonido que sí saben aproximadamente como va a comenzar pero a partir de ahí todo depende de lo que pase por su cabeza.
Después de verle a escasos metros no me cabe la menor duda de que este tipo es un auténtico genio. Músicos hechos de otra pasta. Personalidades con nombre propio y particularidades tan suyas que no se suelen dar en otros artistas. Ryan hace y deshace todo a su antojo.
No se le pueden buscar más pies al gato de por qué esta ciudad sí o ésta no. Esté país sí y éste no. Hay pistas entre líneas que sugieren de boca del propio Ryan que algunas venues are not available, o que sencillamente no fans there. Pero como estamos hablando de un artista poco común, la lógica nos lleva a pensar en un escenario o gira también fuera de lo común. No obstante la gira muy posiblemente va a ser extendida a finales de 2011 a otros continentes.
El concierto en sí fue realmente mágico. Nunca vi tantas lágrimas bailar con tantas sonrisas. Tanta emoción contenida. Tanta expectación. Tanto silencio y admiración. Y, nunca mejor dicho, tantas Sweet Illusions.
Ryan tiene al público en el bolsillo antes de saltar al escenario. Por la gente con la que pude hablar, la inmensa mayoría eran fans acérrimos y muchos estaban repitiendo concierto de ésta misma gira y/o habían tenido la oportunidad de verle en otras. Todos coincidían en que estaba mejor que nunca y que su voz estaba a un nivel espectacular. Precisamente una de las cosas q mas me llamó la atención. No es habitual ver que un músico supere sus versiones de estudio en directo en éste sentido. Su voz era colosal. Mejor que cualquier álbum o actuación emblemática que se pueda ver en YouTube. Sus falsetes y tonalidades llegan a niveles imposibles. La voz de Ryan es realmente privilegiada, un todoterreno que surca sitios donde otros no llegan, o llegan pero no lo demuestran ni se dejan ver.
Empezó silencioso, meticuloso y maniático como siempre colocando sus bártulos antes de comenzar con Oh My Sweet Carolina. Salta al escenario con la ropa en que llega al teatro, con un archivador señor donde va pasando hojas con desparpajo y atisbo de prisa mientras piensa que canción puede sonar a continuación. Así se fueron sucediendo temas pasados, con prácticamente ninguna referencia a canciones más actuales. No tocó ni un solo tema de su último disco con los Cardinals, el rockero III/IV, y si tenía un álbum que promocionar era precisamente ese. Pero dijimos que es un artista de otra pasta, y por aquí también van los tiros. No es ninguna sorpresa que dicho álbum fuera lanzado un 15 de Diciembre, quedando fuera de las listas de lo mejor de ese año ya que éstas suelen aparecer a principios de Diciembre, y por descarte también fuera de las listas del año siguiente. ¿Casualidad para un artista alérgico a la palabra promoción? Sigamos.
A pesar de que la mayoría de los temas los desenfundó con su guitarra jamaicana, se sentó en alguna ocasión al piano para deleitarnos con una afilada Sylvia Plath o una version de New York New York. En ésta ocasión tiró de temas de Cold Roses como If I Am A Stranger, Sweet Illusions o Let It Ride, siempre en versiones suaves con su guitarra y en ocasiones harmónica como compañeras de viajes. También volvió al álbum Heartbreaker con una sublime Damn, Sam. Off Broadway del Suicide Handbook, Please Don’t Let Me Go de Love Is Hell o Everybody Knows y Two de Easy Tiger son algunas de las canciones de su repertorio. También escuchamos al final el Dancing With The Women At The Bar de la idolatrada Whiskeytown.
Aparte de bromas, por lo contado carentes en el concierto del día anterior en Lisboa, tuvo unas ocurrencias en forma de magníficas improvisaciones dedicadas a sus molestos mocos –literal- o una titulada Jesus de ipso facto por algo que entendió del público cuando le preguntaban por Jesse. (Jesse Malin, telonero de lujo aquella noche). Ésta última remezclada asombrosamente con Cougar, otra improvisación salida de una de esas nubes que le parecían los comentarios del personal. En fín, genio y figura. Para el bis dejó el Blue Hotel del EP Everybody Knows
Ryan Adams es uno de esos artistas imprescindibles, incomprendidos y olvidados por los grandes medios que tampoco insisten ante la aparente pasividad del propio artista. Es un songwriter atípico, que tiene discos que abarcan tantos generos que si uno no convence, probablemente tendrá otro que te pueda arreglar el momento. Un workaholic que no duda en hacer rock, alt-country, metal o cualquier cosa que le pase por la cabeza. Y la clave de todo, que no desentona en ninguno de ellos.
Por el bien de la música, tan cuestionada según venga el viento, esperemos que tipos como Ryan Adams nunca paren de dar rienda a su imaginación y nos dejen siempre escuchar su magia.
Salud.
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